Vos tenés una manera
Implacable de adueñarte
De las situaciones
Más nefastas
Vos tenés, acaso
La forma necesaria
De dejarme oir esas cosas
Pequeñas entre un tumulto
De gemidos recortados
Por suspiros
De amores
Pasados
Mirá como me tenes,
Recitando versos,
De esos que odio pronunciar
Por lo hastioso que se me hace
Ser dulce y no el muchacho
Ese que prefiere tomar
Una siesta regocijado
En la indiferencia
De esas gentes grises
Se me está ahogando la tos
En voces de ríos profundos
Que viajan, nebulosos
Subterráneos, azules,
Cuando intento decir
“Tengo que amarte amor,
Tengo que amarte”
¿Qué carajos?
Yo no puedo, no me debo
Acostumbrar a esta manera
Tan rauda de dejar al niño
Malo en casa y llevarme
Al niño bueno a todas partes
Por si un día de estos se engríe
Demasiado y genera un afán
De sentirse libre
Entre los arbustos, buscando
A una muchacha diminuta,
Pequeña, tierna, rebelde,
Azul, etérea, candil, fugaz,
Necesariamente radiante,
Feliz y bonita
Que me dice cuanto tiempo
Voy perdiendo sin besarla
A la fuerza de no sentirnos
Tan solos cuando tomamos
Nuestras manos y empezamos
A hablar de lo aburrido
Que es escribir y no sentir mierda
Alguna por alguien pues
Somos gente fría y callada
Me amilano, detengo la mirada
Constante por un momento
Y me digo a mi mismo
“Ay, caramba”
Mientras trato de tomar su mano
Nuevamente y ella cede desconfiada
Se ha sentido atacada
Como cuando le dije que sea
Mi eterna noviecita por lo menos
Una noche de estas
Y solo atinó a carcajear
Y decirle a mi grupo de amigos lo gracioso
Que me veía al parecer formal
Sobre todo, con una
Amante de turno y no más, según ella
Es entonces, que pasa un sábado más
Y he cumplido veintidós
De las vidas cualquiera que vengo
Construyendo en complicidad
Con el reloj de pared
Que hace lunas suficientes
Dejó de marcar la hora
Después de las once
Y si quedan ganas pocas
De sentirme desdichado
Peor aún es ser culpable
De desdichas interiores
Cuando suena una canción
Cualquiera y la muchacha
En cuestión me dice al oído:
Tengo que amarte amor,
Tengo que amarte.