lunes, 6 de noviembre de 2017

VI



Una vez sumergido en la tristeza,

las islas del olvido emergen

sobre el umbral de tiempos extintos,

las costas del mar rechinan,

los dientes de arena absorben

la sangre fría del hombre triste


La hierba oscurece

en la sombra taciturna

de la muerte inesperada,

los ojos palpitan de miedo,

ansiosos, recorren el cubo

astral de la paranoia

incontrolable


Navíos naranja

se extravían plácidamente

en rincones subversivos

de la consciencia,

desdicha risueña

rompe el corazón

en trozos de algodón

para una almohada

placentera


La voz descansa

en la soledad

absorta de

un poema

mal hecho


Caminar
que araña
la arácnida
ruta de mis

manos

sobre el papel


retienes

la calma

de un niño

dormido


Y entonces,

solo entonces,

enmudece

la piel

y sueño

despierto

al nocturno

insonoro

de lechuzas

roncas