Mujer, debo esconder una armónica
En tus labios cuando sienta que la tarde
Pasa de largo, así no más, y no quedan palabras
Que me hieran mansamente, aunque abrace
Este aire tan tibio, tan dulce, tan tuyo
Quiero verte volar, pues no se sonreír
Y tengo el alma triste, como el ébano
En el sello de una postal fúnebre
Cuando muero recostado en
Lo diáfano de tus olas
No sé si partiré, tengo miedo
De dejar irme y despertar
Con el alma arrebatada
Por esa sed voraz
Disconforme, rebelde
Y que aturde cuando
Nos sacude eléctrica
En el mar de lágrimas,
Borradores de alegría
Entonces, apaga esta fiebre
Y vení por fin, inexorable
Y descansa que la vida
Es un ayer constante
Que se recuesta, infante
Entre tus piernas,
Y canta dormido:
“Caminaré con vos,
Copito de algodón.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario