I - EGO
Cruzó las piernas en primera
instancia- Obviamente, asentí descuidado al acariciarme la barba-El plan estaba
arruinado. Quité el espejo antes de irme, mi esperma resbalaba húmeda bajo el
pantalón, tenía que retirarme de una cita más.
Los delicados pero notorios hilos
de sangre sobresalían en mi rostro cuando besaba el espejo. Lo hacía con tanta
pasión, me excitaba pensarme absorbiendo cada partícula de mí, me tocaba
solemnemente los miércoles a las seis de la tarde. Redescubría mi fealdad a las
siete y necesitaba un rostro hermoso que lo cubriese con el suyo.
Así conocí a “Andreita”, poética
barbarie a quien lubricaba con solo unas palabras antes de coger sus grandes
nalgas, relamerlas, golpearlas contra mi erección animal y gozar de un lascivo
ritual siempre disponible. “Papito que rica pinga”, repetía a diez minutos del clímax.
Freud estaría orgulloso ante tal innecesario roleplay incestuoso.