lunes, 29 de mayo de 2017

A MI PADRE, VISENTE.

Cómo olvidarte... Cómo no dejar de pensar en las ganas de llorar cada vez que te veía... Cómo olvidar las ganas de abrazarte y decirte lo mucho que te ama mi niño interior... Cómo dejar de lado las ausencias y pedirte un minuto más a mi lado... Siempre es tarde, siempre lo fue, siempre renegabas por ello y me sentía el niño rebelde que siempre considerabas incorregible y aún parecido tanto a ti. Quizá esa sea la razón por la que siempre te amé tanto y nunca lo dije. Ese temple de hombre culto, incomprendido poeta al que admiraré hasta el fin de estas instancias tan tristes. El mejor escritor de la ciudad y nadie lo sabía más que yo. El único amor de mamá y el hombre que me enseñó lo que era ver los amaneceres en bicicleta. Aprendi tanto de tí, soy hechura de lo que dejabas al paso, de lo inconcluso, de lo que me acerca tanto a ese rostro callado, serio, tuyo. Prometo aferrar tu alma a lo que queda de mí, pues me siento tan solo, abrazar tu olor a oficina a mi , a este esparpajo que te admira tanto, que siempre se sentirá orgulloso de saberse un poco más parecido a ese muchacho travieso, al eterno adolescente, al bromista derrepente. Tenemos tantas cosas pendientes y una noche que llega sin marcar paso y al unisono con un reloj que no olvidará la hora de nuestro último encuentro.
Te amo , papa (como me gustaba decirte). Te amo.
Descansa en paz.
Je t'aime beaucoup.
hasta luego, mi viejito lindo.

sábado, 13 de mayo de 2017

ESCENA HIRIENTE DE UN BUFON

Probablemente deba dejar ir
un espacio de tiempo atemporal
en las sabanas grises
de mi mente suspendida
Una poesía hecha carne
en la sartén desecha
de un muladar
con atención per se
Ahora, siempre debo partir
al final de estos días,
al comienzo del viaje,
con los ojos bien cerrados,
por si acaso
Escalera verde en
el marco de mi ventana
que salpica ansias
a borbotones

Y una boca salvaje
que pronuncia
con sangre
las promesas
no dichas,
a papel
y a color.

AGRIA LA SAL

Qué repulsivas
me son las personas
que vienen a mí
con ímpetu
esperanzador
de comerse
a bocados
la placenta
creativa
de mi
yo
maternal
y llevarse
empero
lo poco
que dejo
para
la cena.