Nos conocimos entre azares y delirios de antaño
tú, con ensortijada ternura entre los ojos que amo
yo, con la mirada cansada y una vida cargada de azul
sin testigos, en mares de caricias nos inventamos
La pálida figura irrumpe
tiernamente en casa
entre ruidos dormidos y miradas de polaroid
sin anunciar llegaste a ser solsticio de verano
en una vida que solo conocía cuarteles de invierno
Frente al espejo desfila
la desnudez de tu alma
los ojos de la ciudad temen verme arrebatarte
tus manos saben construir amor en el silencio de una sala de cine
las noches no son las mismas cuando las caricias se desvanecen
Tu sonrisa aun
honesta trae el fin de lo cotidiano
dibujas con crayones de amor sobre mi alma de obsidiana
al silencio de amantes acariciando el alba
desaparecemos cuando la ciudad abre los ojos
Los domingos son
aburridos sin una risa escandalosa
los sábados, lentos, sin pasos tuyos recorriéndome a contrarreloj
los viernes a lunes, confusos, encadenados al deber del ser
agigantado es el peso del vacío en una mente llena de vos
Quisiera hablar
de ti, entre pairos y derivas y caricias aun tibias
arrebatarte de la ciudad de luces lejanas, vivir de noche y morir al amanecer
gemidos que se pierden en el eco de un respiro
asentir, tibio y desnudo, con la calma de un niño dormido
Y, sin embargo,
Llegaré con la primavera,
al crujir de las hojas tempranas
al primer olor a fruta madura
orquídeas y voces entrecortadas,
desnuda y con suerte
con la ilusión amada
e inexorable como la muerte
He de venir pronto a la ciudad,
a embeberte de mí…
con suerte.