Hacíamos el amor
los miércoles a las
Seis de la tarde.
“!Oh, Mary Ann!” Recitaba
Laghonía en mi habitación
mientras Mariana entumecía,
pequeña, en su mundo,
nuestro mundo,
los labios en una especie
de fulgor egoísta,
esos rojos que escondemos
en el reflejo del sol
escondiéndose frente
a nosotros
los miércoles a las
Seis de la tarde.
“!Oh, Mary Ann!” Recitaba
Laghonía en mi habitación
mientras Mariana entumecía,
pequeña, en su mundo,
nuestro mundo,
los labios en una especie
de fulgor egoísta,
esos rojos que escondemos
en el reflejo del sol
escondiéndose frente
a nosotros
muy grande, pero éramos
felices, lo suficiente al menos,
… con lo que duraba el saciarnos
de uno mismo a ritmo
impertinente con mi soledad,
la desdicha de ser solemne
con mi amante de turno,
los ojos lunáticos de mi
compañera taciturna,
y otras descripciones
que escondía en su boca
cuando la oía gemir,
tibia, pequeña y dulce
Mary Ann
Un largo etcétera
de catedrales en su espalda,
Recorremos insonoros
el aliento feligrés
de la procesión
astral de mis manos
por cada una de ellas
de catedrales en su espalda,
Recorremos insonoros
el aliento feligrés
de la procesión
astral de mis manos
por cada una de ellas
Un recuento en el oído
izquierdo por cada
vez que dude,
Otro en el derecho para
reanudar nuestro juego
izquierdo por cada
vez que dude,
Otro en el derecho para
reanudar nuestro juego
Mi sexo en el tuyo,
tu boca en la mía,
cíclope acorazado
de soledad
exquisita,
y así, verte venir…
tu boca en la mía,
cíclope acorazado
de soledad
exquisita,
y así, verte venir…
...a paso menguante,
con la mueca fruncida
de mi visitante lunar
intentando borrar una vez
más el
reloj que he dibujado
hace mucho
en mi habitación
cada vez
que decides
volver
los
miércoles
a las
seis.
con la mueca fruncida
de mi visitante lunar
intentando borrar una vez
más el
reloj que he dibujado
hace mucho
en mi habitación
cada vez
que decides
volver
los
miércoles
a las
seis.