Las casualidades de la vida son tan remotas que el repetirlas una y otra vez nos llevan a un daño y a una realidad tan monótona y a la vez tan indiferente con nosotros mismos.
El extrañar a alguien, el desear su bienestar pese a que no sea con uno mismo, son síntomas del amor más puro y a la vez tonto, tan noble y a la vez absurdo; pero sigue siendo amor, así, simplemente amor y nada más.
Para amar no hay excusas, errores o fracasos que no valgan; pues como el póker, el amor puede llegar a ser un vicio, y tal vez uno tenga que aprender de sus propios errores, pues nadie con experiencia deja al azahar las decisiones más importantes; y sí, el ser feliz con el ser amado llega a ser una gran prioridad en momentos como este. Lo dijo Silvio “La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes. Los amores cobardes no llegan a amores ni historias, se quedan allí. Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar.”… pero siento que soy parte de un rompecabezas aún sin armar, o que el viento decidió terminar de borrar las huellas a la orilla de nuestro amor.
Ya no puedo extrañarte, no puedo dejar que la llama de este falso amor siga quemando mi alma, y la desdicha de no tenerte a mi lado me lance a un pozo sin fin, donde yacen los amores que nunca volverán.
A estas alturas, podría decir que desconfío de la vida, de mí mismo y mis sueños, que estoy decepcionado de darlo todo y recibir nada a cambio. Me agobia tanto el tener que mirarte a los ojos y perder el brillo en los míos. Me perturba tu presencia, tu recuerdo, y más aun tu ausencia; pues reniego y me prohíbo amarte como lo hago, pero sin ti ¿de qué valdría la vida?... si mi felicidad lleva tu nombre.
Ay amor mío, ay mía… tendré que darle una y mil vueltas a papeles, tratando de encontrarte en versos más profundos y en canciones que nunca pude cantarte, pues mi voz se perdió entre tus labios… Y sin embargo, ya no te espero.

No hay comentarios:
Publicar un comentario