lunes, 20 de octubre de 2014

ALAMAR

Hay amores que dejan marcas tenues, como las pisadas en la arena del mar; hasta que alguien se aventura y decide recorrer el trayecto de esas huellas; luego, al pasar de las olas y la brisa marina, esas evidencias se hacen menos claras, se desvanecen y repentinamente desaparecen; como la curiosidad de quien hablo al principio de este relato. Entonces, en silencio, se pregunta si en verdad desaparecieron aquellas huellas, si había acabado allí el camino… pues no, debería continuarlo él mismo. Así, bajo sueños rotos, sentimientos encontrados y un inventario de misterios y amores sin resolver, decide volver al terreno de juego e intentarlo nuevamente… ¡Oh casualidad!... Se vuelve a tropezar con el estrepitoso montículo de piedras, algas y seres irreconocibles ¿Estaba caminando en círculos todo este tiempo? ¿Alguien más tal vez reubicaba alguna precaria señal? No lo sé…
Llega la noche y la luna llena ilumina su corazón meditabundo y algo tembloroso, por el incesante frío o quizá por temor a que su proeza no llegue a más que una farsa o un engaño de su propia locura… se alarma y decide proseguir con pisadas firmes que iban borrando las anteriores, una tras otra, va amaneciendo.
Al despertar decide proseguir con su búsqueda, sus huellas no están más pero el recuerdo sigue intacto; toma una chaqueta, bufanda, un par de viejos pantalones y se enrumba a una nueva cita con aquella misteriosa misión. Sus pasos vacilan y el rendirse se vuelve en una opción ya bastante considerable para ese entonces. Finalmente, exaspera y pretende regresar a casa, sólo y con dudas no disipadas.
Todo fue una pérdida de tiempo, se dice a sí mismo; y así emprende el camino a sus aposentos; cuando repentinamente tropieza, maldice al cielo por su suerte, pero esta vez su frase es entrecortada por una dulce voz que murmulla tímidamente “lo siento”. Él alza la mirada buscando a su interlocutora…es ella, la de pisadas tenues, y sí, ella terminó por encontrarlo primero.
Con el primer cruce de miradas se dieron cuenta que estaban hechos el uno para el otro, y que deberían vivir juntos a la orilla de sus vidas, y caminaron juntos, para siempre…

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