Los pregoneros, oficiales, limosneros y futuros presidentes
tienen la cualidad especial del desgasto histriónico. A medida del tiempo, de
las limosnas, fatiga, arbitrariedades todas, empiezan a perder la cadencia del
tiempo entre lo cotidiano de sus discursos que a pocos llegan a mostrar la
mutación de lástima en pesadumbre y a veces en la cadena evolutiva de la
indiferencia.
Habremos notado entonces de como la falta de elocuencia es
solo un paso más, de la pérdida de asombro y sensibilidad de lo que en algún
momento expresaron nuestras palabras.
Un canillita proclama a viva voz en su primer día de trabajo
“Periódicos, revistas, suplementos del día”; sin embargo, con 10 años encima, 8
hijos,2 esposas y una madre octogenaria, el tiempo no le parece algo más que un
rudimentario reloj de arena donde han quedado las calles empolvadas que suele
transitar, el silbato de un policía de tránsito que comparte su pesar, 3
vendedores de frutas que esconden su mercadería cada vez que ven a los serenos
y un timbre roncante y agónico que sólo atina a pronunciar “Satélite”.
Un oficial de policía se recibe como tal tras un duro
entrenamiento y un baño frío de realidad, llega a casa, obviamente cansado, se
sienta en el borde de la cama, mamá llega del trabajo y sorprendida dice:
“Charles, no pude ir a recogerte, pensé que saldrías la semana siguiente. Tu
papá es un descuidado. ¡Cómo has adelgazado!, te haré una sopita para que
recuperes energías”. Charles solo atina a preguntar, ¿Qué?, mientras por dentro
se responde a sí mismo “Sí, señor”.
En la esquina de la plaza mayor, un hombre entrado en años
lleva una vincha roja atada en el brazo izquierdo. Me he preguntado muchas
veces porque razón esos hombrecitos deshechos tienen la manía de enviar miradas
de ciervo y recostarse al pie de la iglesia. El diálogo suele ser el mismo en
la mayoría de las oportunidades.
- Una propinita…
- Ahorita no tengo…
Ah, y cuando pasa lo contrario no es muy lejano tampoco
- Una propinita…
- Ay, tome…
Si Jesucristo fuese un mendigo recostado a la entrada de la
catedral, la gente se persignaría al pasar por su lado, que ironía.
Este año se llevarán a cabo las elecciones. Es la primera
vez en que tendré que ser parte de un complot obligatorio contra la nación, por
ley.
El postulante Hammer Contreras se presenta ante el lejano
pueblo de Bagua, del que nunca escuchó hablar y como nunca le gustó la política
piensa que podría hacer un cambio en su país.
Todo esto iría bien, hasta que de su boca salieron las
palabras “para todos” al referirse a una necesidad particular y general de un
país en vías de desarrollo, en otras palabras, tercermundista. “Agua para
todos”, “Vivienda para todos”, “Plata para todos…”. Oh, cierto, la plata es
para los inversionistas y las sobras para los perros del gobierno. ¿Y el
pueblo? Me había olvidado. Ahora, “olvido” es algo que debemos tener muy
presente en la cláusula de nuestro plan de gobierno. “Olvido para todos”
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