miércoles, 14 de octubre de 2015

A UNA MUJER BONITA



A decir verdad…me gustan las mujeres bonitas.

Ya lo sé, lo sé bien, de hecho. Te parecerá un cliché acaso enterarte ahora, en especial viniendo de mí, y pensarás que es algo que digo a todas… pues sí, a todas las mujeres bonitas. Sin embargo, es allí donde acaba mi rotunda fe y empieza la incertidumbre. ¿Confías vos acaso en lo bonita que sos para mí?

Por mi parte, tenga ya por enterado que usted me intimida de muchas maneras, y por razones indiscutibles, soy algo vulnerable a su todo. (y casi siempre muy de la nada, irónicamente)

¿Qué carajos le estoy tratando de insinuar? Se preguntará mientras termina de sonreír por esta pregunta y se sorprende por los predecibles detalles que conozco (eso espero).

Pues bien… no creo hallar forma más hermosa que el arco fraternal que forma su boca cuando sonríe, las 32 butacas que conforman la más bella función vista, y el telón que esconde tras sus labios, por sobre la alfombra roja que enrolla tras ellos.

Es decir, muero por enjugar mi boca con su lengua, y quizás también enjuagar besos de antaño en la suya, con la mía. Así, declararme de alguna manera vuestro. Lo sé, suelo sonar obsesivo, posesivo, tratando de minimizar mis intenciones. Ni yo mismo las puedo enumerar mejor que vos, debes ya haberlas imaginado, quien sabe.

Pretensiones si las hay, de todos modos, y es acaso involucrarme con vos, contigo. Conocerte, hallarte, extrañarte a duras penas y aceptarte. Quererte, quererte, de a poquitos, mucho, mucho. Y llegar a casa, encontrarte, ir a la cama, invitarte a soñar, hacer el amor, respirarte, cenarte, soñarte…

Aunque digas que no, por las causas, por los efectos, por los defectos…

…Porque eres, al fin y al cabo, entre otras cosas, una mujer bonita, y yo un desastre.



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