Que rápido se acaban los cigarrillos cuando uno está a punto
de morir. Embolia cerebral a mis 21 años. El diagnóstico fue más breve de lo
que esperé. Hay cosas que no requieren ser detalladas ahora.
El invierno de 1994 fue triste. Lo sé, yo nunca quise nacer
del todo. Una parte mía siempre se aferró a la indiferencia de mis padres.
No me gusta sonreír, aunque siempre tuve la dentadura más
ordenada de la primaria, incluso cuando dejé el colegio jamás visité un
odontólogo o parecido. Mamá se sentía orgullosa por ese tipo de detalle tan
banal.
Vanidoso o no, gané un par de concursos, sin mérito alguno.
Nunca me sentí un ganador después de todo.
“Ay, Contreras, el
vanidoso, el orgulloso. ¿Qué te hace tan especial a estas alturas?”
10 meses, 10 días, 10 horas después de mi primera
declaración amorosa. ¿Quién lo pensaría?
No he cambiado mucho. La rutina me ha vuelto viejo,
depresivo, ansioso por todo, testarudo, “único”, dicen algunos que pretenden
conocerme.
Nunca conocí a una mujer con desastres tan hermosos,
llamativos, azules, enfermizos y astutos.
No sé a qué le tengo miedo, pero existe aquí, en el límite
de mis lamentos más sobrios,
Incertidumbre.
Descansa, cariño.
Never mind,
sometimes I feel like dying.
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