miércoles, 23 de diciembre de 2015

MAMÁ, NO QUIERO SER ESCRITOR

Que rápido se acaban los cigarrillos cuando uno está a punto de morir. Embolia cerebral a mis 21 años. El diagnóstico fue más breve de lo que esperé. Hay cosas que no requieren ser detalladas ahora.
El invierno de 1994 fue triste. Lo sé, yo nunca quise nacer del todo. Una parte mía siempre se aferró a la indiferencia de mis padres.

No me gusta sonreír, aunque siempre tuve la dentadura más ordenada de la primaria, incluso cuando dejé el colegio jamás visité un odontólogo o parecido. Mamá se sentía orgullosa por ese tipo de detalle tan banal.

Vanidoso o no, gané un par de concursos, sin mérito alguno. Nunca me sentí un ganador después de todo.

“Ay, Contreras, el vanidoso, el orgulloso. ¿Qué te hace tan especial a estas alturas?”

10 meses, 10 días, 10 horas después de mi primera declaración amorosa. ¿Quién lo pensaría?
No he cambiado mucho. La rutina me ha vuelto viejo, depresivo, ansioso por todo, testarudo, “único”, dicen algunos que pretenden conocerme.

Nunca conocí a una mujer con desastres tan hermosos, llamativos, azules, enfermizos y astutos.
No sé a qué le tengo miedo, pero existe aquí, en el límite de mis lamentos más sobrios,
Incertidumbre.

Descansa, cariño.

Never mind, sometimes I feel like dying.



No hay comentarios:

Publicar un comentario