Cosita huraña, infante rabietas
orgullo de niña, salvaje adolescente
seduces al hombre de arriba
, y tomas la mano del pobre
cuando mamá no está
en casa
deslizas de a pocos tu ternura
y cierras los ojos al besar
al mancebo muchacho que ayer
acabó la escuela nocturna
Caminas con cartas indecentes
y un perfume que me es conocido
por el puente de un río que nunca fue
buscando un café, hablando en francés pueril
Te miro de lejitos, nada más
con binoculares gastados
de lentes embotellados
y un cigarrillo a cuestas
Me sonríes, delicada
y murmuras algo indecente
que se oye bajo mis pantalones
y que dicen causa temblores
Tenés novia? Me decís, coqueta
(ocurrente manera de mostrar
los muslos ante un hombre
veinte años mayor, eh!)
- Que se yo de amor, muchachita
ni lo creo, ni lo hago
mucho menos lo entiendo
por instantes lo reprendo
-Quién coño te crees entonces, poeta?
dicen que hablas con los astros
que ves lo que nadie quiere ver
y te mofas de la ciudad
Acaso como a todos
no te gusto yo?
no me has imaginado?
no te has tocado pensando
en lo irreal de mi libertad?
-He fornicado con cada parte de vos
en mis sueños y acaso en los tuyos
he rasgado tu piel en noches como esta
y he renacido en lo más profundo
de tu vientre.
-Lo siento, lo siento. Lo sabía.
He acertado nuevamente, lo vienes
haciendo con frecuencia, te deseo,
te deseo muon amour.
Podría follarte aquí mismo
-Maldita ramera, que carajos
haces? No necesito más retos.
Tengo suficiente con tus
enormes ojos sobre los míos.
Que hastío, carajo.
-Estás muy cerca,
(las blancas muñecas
de la rubia adolescente
rodean la ya vencida
cremallera del
desconocido)
Masturban al señor
bajo la mesa número ocho
mientras él bebe café
tratando de disimular
Granos de azúcar caen
frenéticamente en el mantel
rojo de la mesa
número ocho
La rubia recoge su cabellera
y encoge sus largas piernas
bajo su nueva escondite
Engulle vorazmente
el endurecido falo
y lo saliva repetidas veces
-Oh dios, Oh dios.
Sigue, sigue, no pares.
Trágalo todo rubiecita puta,
sucia púbera, mujerzuela
-Lo quiero todo, todo
para mí, gaznápiro
Eres mío, eres mío
poeta maldito
La muchacha deja caer
repetidas veces hilos
de esperma sobre
sus perfectos senos
-bésame tonto,
todos se fueron
a casa
¿Ya no te gusto?
El poeta abofetea
dulcemente a la adolescente
mientras recoge su abrigo
y pide la cuenta
-Contéstame, maldita sea
dime algo, ¿Me quieres?
-Te amo Cassandra, te amo
- Y yo a ti, papá.
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