martes, 22 de diciembre de 2015

IRONÍA

Cosita huraña, infante rabietas orgullo de niña, salvaje adolescente seduces al hombre de arriba , y tomas la mano del pobre cuando mamá no está en casa deslizas de a pocos tu ternura y cierras los ojos al besar al mancebo muchacho que ayer acabó la escuela nocturna

Caminas con cartas indecentes y un perfume que me es conocido por el puente de un río que nunca fue buscando un café, hablando en francés pueril Te miro de lejitos, nada más con binoculares gastados de lentes embotellados y un cigarrillo a cuestas Me sonríes, delicada y murmuras algo indecente que se oye bajo mis pantalones y que dicen causa temblores
Tenés novia? Me decís, coqueta (ocurrente manera de mostrar los muslos ante un hombre veinte años mayor, eh!) - Que se yo de amor, muchachita ni lo creo, ni lo hago mucho menos lo entiendo por instantes lo reprendo -Quién coño te crees entonces, poeta? dicen que hablas con los astros que ves lo que nadie quiere ver y te mofas de la ciudad Acaso como a todos no te gusto yo? no me has imaginado? no te has tocado pensando en lo irreal de mi libertad? -He fornicado con cada parte de vos en mis sueños y acaso en los tuyos he rasgado tu piel en noches como esta y he renacido en lo más profundo
de tu vientre.
-Lo siento, lo siento. Lo sabía. He acertado nuevamente, lo vienes haciendo con frecuencia, te deseo, te deseo muon amour. Podría follarte aquí mismo -Maldita ramera, que carajos haces? No necesito más retos. Tengo suficiente con tus enormes ojos sobre los míos. Que hastío, carajo. -Estás muy cerca, (las blancas muñecas de la rubia adolescente rodean la ya vencida cremallera del desconocido) Masturban al señor bajo la mesa número ocho mientras él bebe café tratando de disimular Granos de azúcar caen frenéticamente en el mantel rojo de la mesa número ocho La rubia recoge su cabellera y encoge sus largas piernas bajo su nueva escondite
Engulle vorazmente el endurecido falo y lo saliva repetidas veces -Oh dios, Oh dios. Sigue, sigue, no pares. Trágalo todo rubiecita puta, sucia púbera, mujerzuela -Lo quiero todo, todo para mí, gaznápiro Eres mío, eres mío poeta maldito La muchacha deja caer repetidas veces hilos de esperma sobre sus perfectos senos -bésame tonto, todos se fueron a casa ¿Ya no te gusto? El poeta abofetea dulcemente a la adolescente mientras recoge su abrigo y pide la cuenta -Contéstame, maldita sea dime algo, ¿Me quieres? -Te amo Cassandra, te amo - Y yo a ti, papá.

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