martes, 22 de septiembre de 2015

INSOMNIA

Viernes de insomnio
segundo canto del gallo
alerta… cesa el cintillo
de una vieja máquina de escribir

Volvemos a lo nuestro…
páginas negras nacen de a pocos
cantos lúgubres y ensordecedores
sobre un pentagrama de puentes amarillos

Un reloj en la pared
al ritmo de un corazón agónico
marca las 4am…
… el café está listo

 Envuelvo mi ser con una sábana
un gato entra por la ventana
se acurruca en la silla
y me mira de lejos




Vomito entonces al pie de la cama
la cena de anoche, las ganas de nada
dejo de lado mi desnudez
desempolvo un viejo saco y lustro las botas
Rechina la puerta, asomo de reojo

- No es tanto el frío, me digo
tomo un cigarrillo arrugado
y procuro encenderlo rápidamente

El viento va hacia el norte
camino entonces por las hojas secas
murmurando pensamientos
acabando la cuarta pitada

Veo una mujer a lo lejos
sentada al pie de la nada
abrazando sus largas piernas
escondiendo su rostro

Me acerco cortando pasos
entre la niebla y el humo
del agonizante cigarrillo
cuando decide alzar la mirada
Me mira fijamente,
se arregla el cabello
disimulando un ademán
con la mano derecha

Recoge su vestido con la otra mano
y erige su etérea figura de a pocos
sin pedir ayuda, solita, callada

- ¿Tienes fuego? , pregunta y sonríe
-Eh, sí. Aquí tienes. Digo confuso
sin perder de vista sus muslos equinos,
las aureolas endurecidas de sus pechos

- ¿Mucho frio? Acoto inciertamente sereno
- No lo sé, llevo horas aquí.
Nos quedamos callados
por un breve tiempo
mientras ella daba unas pitadas
al incesante último cigarrillo

Lo que ocurrió después
es sabido por muchos
los diarios dijeron cosas
que nunca imaginé hacer

Dicen que un hombre frívolo,
callado y tímido hasta un entonces
llevó a la hija del alcalde
a las afueras de la ciudad
Tomó la autopista central
con rumbo desconocido
desapareció el cuerpo…
Así han dicho las noticias

La verdad es otra, pienso yo
son tres días ya, ciertamente
y el cuerpo de ella aún está tibio
responde a mis besos, me dice “te quiero”

No sé el porqué de tanto ajetreo
cuando uno encuentra un poquito de amor
en la muerte misma, en el riesgo de ello
sin dañar a nadie…

Pasaron dos semanas,
nos hallaron desnudos
cuando hacíamos el amor
(eso diría yo)
Me golpearon, abusaron
escupieron mi rostro
me tacharon de sátiro
(mamá contrató un abogado)

Es cierto, también
que me dio un poco de pena
Verla llorar decepcionada
por un hijo bastardo

Quizá algo de razón tenían
los jueces al condenarme
Yo solo asentía con la cabeza
como un niño resentido

Miren a ese hijo de perra
dicen los reos al verme
me desnudan entonces a golpes
y empiezan a masturbarse
Perdí de a pocos mi identidad
mi sueño, el deseo de libertad
y comencé a escribir esto
con cierto asco, con cierto afecto

Hoy es el día en que los grilletes
se sienten extraños al dejar mi piel
no estoy feliz, no estoy loco
me digo al llegar a casa

Tomo una ducha fría
enciendo un cerillo
y recorro su humo
con el rabillo del ojo

He aprendido desde entonces,
a tener algo de miedo
hay noches en las que me he preguntado
si ellos lo habrán descubierto

Si han visto o documentado
mis días desde aquel encuentro
pues nadie hasta ahora ha encontrado
su vestido, al gato, o el cuerpo.




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