Las rutas del destino están trazadas
en alguna de mis manos izquierdas,
la derecha está atada bajo la garganta
aferrada a la manzana de adán
Tengo la tristeza anclada a mi rostro,
y una mandíbula hiriente a cada mordisco,
al rechinar de dientes cuando son las diez
y el aire nocturno invade mi alcoba
El sueño cae como un manto depresivo,
penetra mi nariz, me asfixia en azul
me siento débil y me ahogo en la
sombra taciturna del poeta soñante
Se impregna en las calles,
está en los diarios,
la suerte del hombre
que vive en el hades
El hombre cangrejo, que oculta la cara
camina de revés, le gustan las flores,
las riega con rocío nostálgico
y vuelve a su casa agitado
Sin nadie que vea por él,
se envuelve en mantos de sal
y deja que el mar lo arrastre
al sueño profundo por fin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario