Quisiera tener las palabras necesarias, consecuentes, entendibles,
para aferrarme a esto de una manera creíble… Soy lo que temía en mi infancia y
la hechura de mis desgracias y angustias. Sin embargo, tengo la constante
intriga de pensarte a lo lejos, aunque sé que vos no vendrás, y que estarás
allí, entre las luces, cortando las flores con las que alguna vez me pensabas
buscándote. Uno nunca sabe.
Sálvame y sálvate de mi soledad.
Me están quedando cortas las palabras para remover los
restos de polvo de mariposa en tu vientre. No me acostumbro a esta versión tan
indiferente y sosa.
Tengo dos cláusulas que me aferran al derecho de sentirme tuyo,
aunque esté más perdido que nunca en mi mismo.
Te amo y te pertenezco…
Pídeme entonces, amor… pídeme cuentos, pídeme sueños y hazme
el amor con la inocencia de un niño dormido.
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