Viene ya siendo un tiempo desde que dejé de escribir. Y no
lo sabes.
Esta por comenzar una nueva semana y el otoño nos recibe con
la más cálida lluvia de fin de verano.
Te recuerdo. Recuerdo aquel viernes de noviembre en el que
bebimos café y conversábamos… ¿Aun recuerdas lo ridículo que me veía sin
edulcorar mi pedido?... Siempre fui algo orgulloso, aunque sabía que algo
andaba mal… No es normal pagar tanto por algo tan amargo. Era un café bastante
más amargo de lo común, fui feliz contigo, en cada instante que comprometía el
verte sonreír y despreocupada. (Aun con el cabello recién planchado, los labios
carmesí para la ocasión y la casaca de cuero sintético porque siempre odiaste
el maltrato animal y lo que conlleve a ello).
Tuve que haberte besado, ambos sabemos bien. Cuando por
casualidad pedí que entrecerraras la mirada y así lo hiciste. Y tus pequeñas
fauces se entreabrían mientras yo tontamente enternecía y me desarmaba a mi
mismo. Sin actuar, sin buscar alguna manera de mostrarte esta pasión que
siempre me ha venido consumiendo, a diario.
Creo que ahora que
estamos tan lejos puedes percatarte del tonto amante tímido que siempre estuvo
enamorado de vos. De todas las maneras posibles, con todos los intentos de por
medio ,y quien sabe, alguno de ellos a los que me halla atrevido.
Te quise, cariño. En verdad te quise y tu recuerdo me es
grato y doloroso. Porque pudimos haber sido algo muy grande, más allá de
nuestras expectativas. Pero en ese momento es acaso en el que reacciono y sé
que no quisiste, no te atreviste, no salió un sí de tus labios, de los labios
que amo. (de esos que siempre escondiste).
Me he preguntado sobre qué será de ti…
Fue suficiente, creo, el tiempo que nos conocimos. Quizá han
de venir cosas mejores. En tu caso, al menos, lo creo. Nunca he creído en ser
alguien “especial”. Sin embargo, he sabido diferenciar lo que siento y es un
pequeño gran paso. Y así aprendí a caminar entre todas mis abstractas ideas de
aprender a amarte, cada día, un poquito más por si acaso.
A pesar de ello, tuve que regresar a casa en mi día más
nublado. Y no hay luz que pueda iluminar parte, un poquito, de lo que debería
ser la continuación de algún camino, de alguna forma etérea para hallarme entre
lo que nunca osé a buscar en alguien más.
¿Qué será de ti?... Me vuelvo a preguntar
He pensado también en si le comentaste a papá sobre mí.
Sobre este pequeño admirador que amaba tanto a su creación mas preciada, más
preciosa. Tú.
Siempre me gustaste. Quizá sea cierto todo lo que leíamos
sobre las cartas astrales, sobre coincidencias, simples coincidencias que nos
unían un poco más de alguna manera.
Es verdad, es verdad, aún te quiero. Pero, creo que las
cosas empiezan a andar mal cuando uno extraña recuerdos, no pasan de ello.
Recuerdos. ¿Dónde queda nuestro presente entonces?
¿Qué será de ti?... Me preguntaré.
Pd.: Acaba de dejar de llover. El cielo no pudo conmoverse.
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