sábado, 10 de junio de 2017

FIAR

Tengo miedo de las mujeres lindas
porque son seres despiadados,
se aferran a tus brazos con dulzura,
empalagan tus sentidos a flor de piel

estremecen con alaridos la alcoba
de un amante tembloroso,
abrasan su carne con el fuego
de un amor de media noche

Es cierto, son seres despiadados
y no temo pronunciar esta premisa,
aunque vengan a decir que hoy me aman
que desean seductoras un encuentro,
si es casual, que maravilla
si me embriago, que sea eterno

Desvisten la mirada,
en la arritmia de un recuerdo,
desenfundan los labios
y los esconden en mi paladar,
mortífera es la mordida
si esconden intenciones

Verdaderas alertas,
intuiciones,
confusiones de marzo,
furia tenue de abril,
un invierno descalzo,
un deseo febril.

Además,
pretensiones
insolentes
de coger
cual
salvajes,
tomar mi mano
una tarde de pronto,
y animarme
a decir
que este insomnio
es tan lindo,
entonces,
que enternece soez
las palabras no
escritas hace tanto,
si llenamos de ti
este sombrío
aletear de amatista,
farol, fugaz, azur,
imborrable
huella
de tus pasos
lunares

en mi boca.

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